CIUDADANÍA Y CREATIVIDAD: FORTALECIENDO LO COMÚN

 

CITIZENSHIP AND CREATIVITY: STRENGTHENING THE COMMON

 

Enrique MORALES MERY [1]

David ÁLVAREZ-MALDONADO [2]

Recibido

Aprobado

:

:

14/07/2025

21/10/2025

Publicado

:

25/12/2025

 

 

 

RESUMEN: Este trabajo se centra en la importancia de la creatividad social como elemento generador de una ciudadanía activa y consciente. Se aborda la iniciativa de recuperación barrial llevada a cabo en Chile como ejemplo de gestión corresponsable y como caso tipo de activación y revitalización del tejido social y el espacio público local. La acción pública concertada y la sinergia resultante ilustran la importancia del trabajo conjunto entre las organizaciones socio-comunitarias y las instituciones municipales y estatales. Se apoyan estas proposiciones con un análisis cualitativo de discursos mediáticos en la materia para su contextualización. La ciudadanía se fortalece explorando nuevas formas de articulaciones políticas que acercan a los decisores y habitantes cambiando la relación ciudad-ciudadanía a la luz del desarrollo territorial.

Palabras clave: ciudadanía, sociedad, espacios públicos, creatividad.

 


ABSTRACT: This work focuses on the importance of social creativity as a generator of active and conscious citizenship. It supports the neighborhood recovery initiative carried out in Chile as an example of co-responsible management and as a case study of activation and revitalization of social fabric and local public space. Concerted public action and the resulting synergy illustrate the importance of collaborative work between socio-community organizations and municipal and state institutions. These propositions are supported by a qualitative analysis of media discourses on the subject for contextualization. Citizenship is strengthened by exploring new forms of political articulation that bring decision-makers and inhabitants closer, thus changing the city-citizenship relationship in the light of territorial development.

Keywords: citizenship, society, public spaces, creativity.

 

 

INTRODUCCIÓN

La configuración de la ciudadanía en Chile se ha visto atravesada por procesos históricos y políticos que exceden los marcos normativos tradicionales. La reacción al diseño de modernidad líquida planteado por Bauman (2005) y a la neoliberalización de la ciudadanía que describe Mavelli (2022) encuentra, en el caso chileno, una trayectoria de movilización social que hunde sus raíces en el período de dictadura y en las prácticas de erradicación de poblaciones en territorios sometidos a procesos de gentrificación (Billing, 2018). Dicho proceso, descrito por Escoffier (2023), evidencia cómo la creatividad comunitaria ante la carencia derivó en formas de movilización urbana que dieron origen a una contracultura de resistencia y organización local.

En este marco, la ciudadanía no se reduce a una categoría jurídica ni a la incorporación formal en el sistema político liberal, sino que se construye desde prácticas situadas y colectivas que se despliegan en torno a organizaciones socio-comunitarias, ollas comunes, clubes deportivos o procesos de autogestión barrial. La politización desde lo local expresa tensiones con las formas institucionales y refleja tanto la desconfianza hacia el sistema político formal como la emergencia de nuevas formas de legitimación comunitaria (Escoffier, 2023).

La recuperación barrial y la revitalización del espacio público se han posicionado como expresiones contemporáneas de esta ciudadanía activa. Estas experiencias, lejos de abandonar las políticas habitacionales tradicionales, han buscado contrarrestar visiones neoliberales que conciben la ciudad como producto del desarrollo capitalista y la ciudadanía como aporte económico individual (Rodríguez, 2009). A través de la participación comunitaria, la deliberación y la toma de decisiones colectivas, las organizaciones vecinales han contribuido a disminuir el déficit democrático y a estrechar la brecha entre expertos y residentes, configurando un microcosmos de vida cívica que fortalece el tejido social y la democracia local.

En este contexto, el Programa Quiero Mi Barrio (PQMB), implementado en Chile desde 2006, constituye un caso paradigmático (Gioia et al., 2012) para analizar los alcances de la recuperación barrial como política pública. Su diseño incorpora metodologías participativas que vinculan al Estado, los gobiernos locales y las organizaciones comunitarias, favoreciendo procesos de integración, deliberación y corresponsabilidad en la gestión territorial.

El presente artículo tiene como propósito analizar de qué manera la recuperación barrial, a través del Programa Quiero Mi Barrio (PQMB), contribuye a la construcción de una ciudadanía activa, situada y corresponsable. Este programa se presenta como un caso paradigmático de iniciativa que promueve la participación ciudadana y la revitalización de espacios urbanos a nivel local, involucrando a los residentes en la planificación, implementación y seguimiento de políticas públicas, un enfoque que puede replicarse en otras localidades. Se sostiene que tales procesos permiten contrarrestar la pasividad de la ciudadanía formal, fortalecer las dinámicas de organización social y consolidar liderazgos comunitarios que enriquecen la vida cívica en el territorio. De esta manera, el artículo aporta a la reflexión sobre la interrelación entre políticas públicas, espacio urbano y democracia, subrayando el papel de la participación ciudadana como motor de transformación social y territorial.

Para abordar la relación entre ciudadanía activa y recuperación de espacios públicos, este estudio se apoyó en un enfoque metodológico cualitativo basado en triangulación de fuentes (Denzin, 2017; Gioia et al., 2012). Se combinó el análisis del Programa Quiero Mi Barrio como caso de referencia con la revisión de material procedente de medios de comunicación masivos, seleccionados por su relevancia en la cobertura de iniciativas de participación ciudadana y revitalización urbana en distintas localidades. Esta estrategia permitió identificar contenidos y discursos que influyen en los comportamientos de individuos, grupos y organizaciones, contextualizando el caso local en un marco global.

La información recopilada se analizó mediante técnicas de análisis del discurso y estudio de caso, complementadas con herramientas de análisis de redes semánticas y mapas de procesos, para sistematizar categorías recurrentes y explorar las relaciones conceptuales entre los distintos actores y prácticas. De este modo, la metodología empleada otorga validez a los hallazgos y facilita  una comprensión más integral de cómo la participación ciudadana y la creatividad comunitaria se articulan en la recuperación del espacio público.

En este contexto, la creatividad hoy en día es un concepto que engloba el sentido del pensamiento y la actividad humana (Beghetto y Anderson, 2022; Sternberg, 2021; Sue‐Chan y Hempel, 2016; Onarheim y Friis-Olivarius, 2013; Wreen, 2015). Lo hace desde la visión de originalidad e innovación en los momentos de bonanza y desarrollo, así como también es la respuesta a los momentos de crisis que incentivan la resiliencia y la inventiva (Wang, 2023). La creatividad emerge en la contemporaneidad como resumen ideal de los beneficios de una era capitalista y tecnológica que aboga por grandes ciudades interconectadas en un mundo globalizado (Garrett, 2021).

En este contexto, la ciudadanía, comprendida como enlace activo entre un mundo próximo, cercano, comunitario, consciente de su territorio y aquella sociedad más amplia inserta y desplegada desde y por la economía de mercado, parece haber perdido su orientación colectiva (Billing, 2018). El sentido profundo de la ciudadanía, que rescataban los griegos (Rovira-Reich, 2019) y que reformularon socialmente las diversas ilustraciones que abogaron por cambios radicales o graduales, se establecía en el trasfondo consciente de un ideal formativo (Baerveldt y Cresswell, 2014, pp. 96-101). El denominador común era relacionar la vida personal y la expresión de sus facultades y talentos con un hábitat mayor, organizado y funcional.

En el mundo clásico, el énfasis formativo vinculaba a los seres humanos con un ethos ciudadano, que imbricaba la ciudad, en su sentido no concreto ni físico, con la actividad pública y política propiamente tal (Darbo-Peschanski, 1996; Rovira-Reich, 2019). Con el paso del tiempo esa vocación educativa con propósitos y fines éticos es reemplazada por una concepción formativa que empalma con otras etapas del desarrollo post comunitario.

Lo interesante es que la creatividad humana, socialmente entendida, opera a base de convenciones, normativas y tradiciones que matizan y constriñen la dinámica de interacción (Sánchez-Dorado, 2023). La normatividad generada indica que el ser humano no se mueve en un vacío natural, incidental o accidental; las posibilidades están conectadas con la experiencia, las historias previas, la ética de lo normativo, el sentido de lo correcto o positivo (De Pisapia y Rastelli, 2022). El ser humano no se mueve dentro de las coordenadas esperables de la animalidad, de una funcionalidad limitada y estimulada por factores que gobiernan reacciones, resistencias o inesperados descubrimientos para conectar con la sobrevivencia (Baerveldt y Cresswell, 2014, pp. 94-95). Dicho de otro modo, las idealizaciones creativas de náufragos en islas perdidas o sueños de cooperación concebidos en estados de naturaleza terminan siempre en una gama limitada de organización y potenciación de nuestras facultades y posibilidades (Ivy, 2022).

Para efectos de este trabajo la creatividad se concibe como parte de una generativa normatividad, una que se forja desde las convenciones, las dimensiones sociales de organización, desde la tradición conectada con una imaginación que no se agota con la expresividad individual (Martin, 2006; Samões, 2023; Sánchez-Dorado, 2023; Turner y Virick, 2008). La creatividad es parte de una dinámica integrada, una sinergia que canaliza y conecta personas, grupos e instituciones (Zhu, 2020). Desde ahí la generatividad entendida como un continuo no se estanca en la impersonalización, la desinformación, la instrumentalización y la creatividad ansiosa de sociedades que desdeñan sus bases organizacionales y normativas (Samões, 2023).

Desde esta perspectiva no se promueve la inercia, la inacción o la distancia frente a necesarias transformaciones; el punto es cambiar la mirada reducida de soluciones y problemas ampliando la visión hacia la idea y actividad de estilos. Son justamente esos estilos los que crean y recrean las fuentes de una coherente formación o deformación que se ajusta, adecúa o se hace necesaria para una determinada situación, población o institución (Baerveldt y Cresswell, 2014, pp. 96-97; Garrett, 2021; Sánchez-Dorado, 2023; Zhu, 2020). Se habla de estilos en el doble sentido de despliegue de formas de acción y expresión múltiples y a su vez como apertura de posibilidades y alternativas.

El ser humano no se enfrenta solamente a un mundo natural, con sus limitadas y determinadas condiciones, sino, sobre todo, a un mundo normativo históricamente constituido (Baerveldt y Cresswell, 2014, p. 96; Martin, 2006; Sánchez-Dorado, 2023; Samões, 2023). A partir de ese proceso, el ser humano se forma y se transforma, con la conciencia de su expresión individual, pero también con la conciencia de su contribución colectiva (Turner y Virick, 2008; Zhu, 2020). Lo normativo, el lenguaje, las funcionalidades van tejiendo un entramado de interconectividad que se cruza con puntos de conexión, intersección o abierta polarización. Nuestras diferencias pueden proyectar confrontaciones, profundos desacuerdos, cooperación y fraternidades productivas (Billing, 2018; Sánchez-Dorado, 2023; Samões, 2023; Zhu, 2020).

La existencia de las tensiones generativas invita a pensar en las sinergias, en las soluciones sistémicas y holísticas (Turner y Virick, 2008). Desde aquí se plantea una concepción de ciudadanía creativa que se entiende desde una dinámica social no disruptiva y que acude a la tradición como fuente de acervo cultural, social y de conocimiento acumulado. Con ello emerge una sociología de la creatividad que tal como indica Janet Chan apunta al reconocimiento de la incertidumbre y la contingencia del mundo contemporáneo; desde ahí los significados no se encuentran predeterminados (Chan, 2011, pp. 135-136).

Justamente los significados y comprehensiones de la vida social fluyen, poseen trayectorias y ofrecen múltiples perspectivas compartidas (Moscovici, 2015). Esas posibilidades son parte de una tradición que conecta con la imaginación, una imaginación que desde lo social no es reflejo de una creatividad construida desde la nada o desde una individualidad descontextualizada. Tradición e imaginación, reconociendo el trasfondo histórico, cultural, experiencial e institucional van articulando y posibilitando la organización social de toda actividad humana. Jovchelovitch (2015) en la misma línea enfatiza la importancia de la intervención social que es consciente de la realidad territorial, de las particulares condiciones sociales, de las limitaciones físicas o sociopolíticas que influyen en las condiciones de posibilidad o imposibilidad. La autora acude a la imaginación como fuente de creación y liberación, como motor de conocimiento de los sueños, la capacidad resiliente y la modelación de un nuevo futuro.

Jovchelovitch (2015) acude al concepto socialidad trascendental desde la obra de Maurice Bloch (2008) para establecer una posición frente a la adversidad, una posición que supera la mera transacción frente a las autoridades, los expertos, los benefactores o los diseñadores de políticas públicas prescriptivas o modeladas desde el exterior de un territorio. El carácter trascendental habilita el despegue respecto de lo concreto, de lo situacional entendido como condición y presión inescapable. La socialidad por tanto es resultado de una realidad inmediata que puede ser transformada incluso por poblaciones vulnerables dispuestas a soñar, a imaginar, a trascender las limitaciones iniciales (Jovchelovitch, 2015, pp. 77-79).

Como se señalaba se tomó distancia de perspectivas disruptivas y se centró en la importancia de la acción pública. Para entender la acción pública en el marco del presente trabajo se acudió al pensamiento de Peters (2005) y su visión de Gobernanza, complementado con la formulación de acción pública de Lascoumes y Le Gales (2018). Para estos efectos se analizó como contrapunto diferenciador los actos de ciudadanía planteados por Isin (2008) y Greg Nielsen en conjunto con la perspectiva de disrupción creativa de White (2008). Partiendo por esta visión disruptiva, transgresora, que se manifiesta en los actos de ciudadanía se debe entender su motivación y alcance transformador (Estévez y del Campo, 2020). Ciertamente existe un punto de habituación, de conducta esperada, de estatus legal de la ciudadanía que nos conecta dentro de los ideales y límites de un Estado.

Al mismo tiempo, el ser humano asiste a un mundo globalizado, cosmopolita, con fuertes flujos migratorios y con constantes luchas por reconocimiento y justa redistribución de la riqueza. Ante esto, los actos de ciudadanía irrumpen como instancias performativas de cuestionamiento, resistencia y transformación (Brugué et al., 2020; Isin, 2008, pp. 18-19). Estos actos no son concebidos como meras prácticas porque ello conllevaría reducir justamente la conexión y sentido del acto en sí, esto es, cuestionar y superar el hábito que hasta ese minuto ha perpetuado la dominación o menoscabo de una persona, grupo o identidad.

Incluso desde la confrontación resultante de todo cuestionamiento emerge una relación dialéctica, no fija, que tal como indica Isin (2008) abre paso a la explicitación de las trayectorias que transitan a lo largo de un espectro de hospitalidad a hostilidad (pp. 19-20). Ese movimiento requiere ser dilucidado y esta dilucidación no puede ser vista como una distorsión, una carencia o un desorden; la tendencia al verlo como una ruptura o desvío respecto de parámetros esperados dificulta entender la centralidad del acto como evento transgresor, creativo y desenmascarador. Justamente el acto ha asumido el llevar a cabo verbos de movimiento, animación o actuación, verbos que de por si se declaran neutrales si se comparán con la posibilidad de crear o ser disruptivo.

Isin (2008) apunta hacia allá a comprender los actos de ciudadanía desde y por todo su potencial performativo transgresor. Tal como sugiere White (2008) los actos de ciudadanía generan nuevas formas de pensar respecto a las acciones políticas que se comprenden desde las pautas socio legales convencionales. Lo creativo se encontraría en el potencial heurístico de abordar desafíos, fomentando enfoques no convencionales o formales; los actos de ciudadanía (Resina y Güemes, 2020) se conectan con la idea de creatividad no desde la tradicional exigencia de innovación y cambio sino desde su empezar a ser, desde su potencial transformativo. En el mismo sentido, la creatividad que se posiciona a través de los actos es una aspiración al cambio (Brugué et al., 2020; White, 2008, pp. 44-45).

Teniendo mayor claridad respecto a los contornos y alcances de los actos de ciudadanía y sin desmerecer la importancia que poseen para marcar puntos de quiebre con las reglas del juego y con ciertos fundamentos de organización de determinadas actividades políticas, el ser humano desarrollará su idea de acción pública. La tarea de gobernar se ha ido complejizando, no solamente por la necesaria profesionalización de las funciones y el correcto diseño, implementación y evaluación de las políticas públicas; ha ido cobrando fuerza la gobernanza como resumen de buen gobierno y participación, integrando a la sociedad civil. El planteamiento de Peters (2005) es correcto al identificar la existencia de insumos que tras los ciclos políticos significan puntos de exigencia y de acción pública que integren a las burocracias con una ciudadanía corresponsable en la gestión y por ende en el gobernar (Peters 2005, pp. 587-590; Resina y Güemes, 2020).

Lo fundamental es romper la secuencia jerárquica desde la cual los gobiernos democráticos se vinculan con la ciudadanía y así generar una relación concéntrica entre el Estado y la sociedad civil, una gobernanza con redes. Esas redes vinculadas con la tarea de gobernar son la puesta en valor de un sinnúmero de organizaciones comunitarias que permiten la comunicación y vertebración de las necesidades, demandas y programas sociales. Lo crucial es que siguiendo a Peters esas redes, en cuanto no se mueven como respuesta a los intereses del Estado, ofrecen una bidimensionalidad dinámica y flexible que permea distintos sectores de la sociedad (Brugué et al., 2020; Peters, 2005, pp. 591-592).

Esas organizaciones socio-comunitarias pueden pactar socialmente con el Estado, con el sector público institucionalizado y reducir no solamente el déficit participativo deliberativo sino también mejorar las condiciones de negociación. Se gesta una acción pública desde una ciudadanía activa que se hace parte de la formación y hechura de las políticas públicas atrayendo a la institucionalidad a su propio territorio, a su entorno comunitario. La sinergia resultante es fundamental porque no solamente redefine las relaciones entre la política y la administración, llenando vacíos de liderazgo y decisión, sino que también involucra a las burocracias con la democracia representativa. Se podría pensar en burocracias representativas toda vez que se implican horizontalmente con las organizaciones de la sociedad civil. Esa implicación no es meramente funcional desde la perspectiva de Peters y conlleva la valoración de un sentido sustantivo de democracia, uno que fortalece la democracia local, la administración pública responsiva y la organización comunitaria con fines sociales privados y públicos.

La sociología de la acción pública de Lascoumes y Le Gales (2018) suma una dinámica de múltiples variables que vincula a los actores individuales y colectivos, dotados de intereses, insertos en ámbitos de cierta autonomía desde donde desarrollan sus estrategias, vehiculan sus intereses, movilizan sus recursos y proyectan sus objetivos. La cualificación de las percepciones, valores y símbolos se explican desde las representaciones propias y sociales; las instituciones son los marcos de acción, los espacios normativos desde donde se orientan las rutinas, los procedimientos y las interacciones propiamente tales. Los procesos que dan curso a las movilizaciones, coaliciones y conflictos están determinados por la interacción entre actores, representaciones (Moscovici, 1984) y normas; es vital la comprensión de los flujogramas de proceso y/o conflicto para avanzar hacia los resultados (Lascoumes y Le Gales, 2018, pp. 14-16). Este pentágono dinámico e integrativo de la acción pública estará muy presente en nuestro estudio de caso y ayudará a la comprehensión de las redes, de las múltiples e inciertas vinculaciones con miras a entender la implementación de políticas públicas en las actuales sociedades, cobrando mayor importancia la complejidad de las prácticas sociales y estatales así como la identificación y comprensión de los márgenes de acción, negociación y decisión de los diversos actores, élites e instituciones (Ulriksen, 2019, p. 19).

 

DESARROLLO

La materialidad como actividad y desarrollo comienza a forjar y consolidar una existencia enfocada en la producción y reproducción. La tendencia más allá de sus vertientes individualistas y colectivas desintegra lo común y reposiciona a la ciudadanía en una esfera exteriorizada respecto al ser humano (Billing, 2018). La ciudad en sí se entiende y proyecta como parte de la capitalización de los recursos y la ampliación global de sus interconexiones (Mould, 2018, pp. 1-7). Se mantiene la unidimensionalidad que tempranamente denunciaba Marcuse (Kellner y Winter, 2021), pero se profundiza en una idea y actividad de desarrollo y progreso que debilita la integración y la conciencia sociales. Las ciudades cada vez más anónimas e individualistas reproducen un orden ciudadano distante de la presencialidad y la reciprocidad; lo comunitario diverso, heterogéneo y complejo no se valora como recurso social para la organización y deliberación. Se admira la diversidad como insumo inicial para el reconocimiento de una identidad o para relevar la importancia de la expresión individual en un mundo multicolor. La heterogeneidad de lo público como respuesta y reflejo de nuestras diferencias, jerarquías y concomitantes asimetrías se minimiza pagando ese precio en favor del imperante mundo financiero, virtual e individualista que nos cobija. Lo que adquiere valor es una ciudad global que invierte en el retail, en transportes que incentivan el rápido traslado y conectividad por sobre la copresencia (Mould, 2018; Trend, 2020).

El intercambio societal, el diseño de la ciudad, las estructuras de convivencia están marcadas por los ideales del neoliberalismo. Sobreviven las conductas individuales mercantilizadas, las grandes áreas comerciales que promueven una congregación anónima, imperando la serialidad del negocio cultural, la promoción de una ciudad global, conectada para sumar adeptos a la autosuficiencia económica. Esa escenificación deja en el más abierto deterioro a todos aquellos sectores de la ciudad que no son parte del engranaje del desarrollo capitalista (Mould, 2018, pp. 19-21).

Recordando a Bauman (2005) en su obra Vidas Desperdiciadas, la ciudad se construye desde el diseño, un diseño que no es neutral, un diseño aporofóbico y empujado por lo esperado, lo deseable. Memorables resultan las historias que grafican la organización jerárquica de las modernas ciudades; Bauman (2005) se detiene a relatar el recorrido no tan veloz hacia la Universidad de Bonn en Alemania para asistir a una conferencia, traslado con hermosos paisajes y postales de desarrollo que contrasta con su regreso al aeropuerto días después. Este último viaje ahorró mucho tiempo, pero dejó al descubierto la pobreza de la ciudad.

La arquitectura, el diseño urbanístico se organizaba desde y por el ocultamiento de la pobreza y la promoción de la gentrificación de determinadas zonas. Como el diría con agudeza y crudeza citando a Edmund Leach: la mejor vida está reservada para los cuidados del cabello, para quienes no pueden demostrar su mejor cara ante la competencia y la mercantilización el destino les reserva ser parte del cabello desechado y destinado a la basura (Bauman 2005, p. 37). El autor grafica la actualidad de lo superfluo de lo que no es permanente, de lo que no permite premiar fines engrosando medios. Esos medios se encuentran inmersos en una cultura del empleo flexible, en culturas de desarrollo laboral de alta velocidad y fuerte competencia (Bauman, 2005, pp. 25-30). Para la mentalidad acelerada del mundo contemporáneo la creatividad es ansiosa, lanzada al futuro y definida por un diseño que intenta arrebatarle a la ciudad la condena de perecer. El cambio se emparenta con lo radical y desde ahí el diseño es un fin en sí mismo, contiene la creatividad agresiva, naciente desde la tabula rasa, una creatividad que huye de la pobreza y el fracaso. Contiene el riesgo y lo traslada cual granada de mano, se instala por tanto como una contradicción que porta la selección natural y el bautizo de exitosos y parias (Bauman, 2005, pp 39-40). El peligro al que se enfrenta el ser humano es convertirse en un ser incapaz de transgredir y trascender (Bauman, 2005, pp. 148); este trabajo se aboca al compromiso de ambos movimientos para crear, no desde la nada ni desde lo disruptivo ideologizado sino desde la conciencia de un razonamiento panorámico y con conciencia social. De lo contrario los diseños económicos, tecnológicos, ideológicos o derivados de la contraposición de fuerzas seguirán separando al ciudadano humanizado de la ciudad entendida como escenario de una democracia arraigada territorialmente y enfocada a la revitalización de la proximidad con rostro, vital para la generación de las confianzas interpersonales y las sinergias que construyen dinámicas integrativas, participativas, deliberantes y decisorias.

La descripción relativa a la ciudad se extiende a la ciudadanía (Brugué et al., 2020). El análisis del pensador Luca Mavelli (2022) acerca al ser humano al paso desde una economía de mercado a una sociedad de mercado.  Ese paso estaría implicando la comprensión de la ciudadanía desde la óptica de la economía de mercado, superando los límites de los espacios culturales, sociales y políticos. Al ocurrir aquello la salud, la educación, el ocio y la política se ven envueltos en una destrucción creativa de sus campos de acción; esa destrucción creativa del neoliberalismo llega hasta la ciudadanía y para decirlo en términos de Bauman, la hace parte del diseño. Todo dominio y delimitación marca nuevos espacios de marginación, clasificación, devaluación o valoración a partir de estándares no políticos ni societales (Mavelli, 2022, pp. 25-27). Para ello las crisis marcan la pauta de cambios drásticos y las sociedades se ajustan y adaptan a los requerimientos de la migración, de las políticas de seguridad, de la globalización económica, de las guerras, de las crisis naturales y de salud. Frente a cada crisis el neoliberalismo resurge avanzando con su política dotada de ubicuidad, ductilidad y expansividad. El punto clave es la destrucción creativa de la ciudadanía, como proceso avanzado por el neoliberalismo es absolutamente consistente y congruente con la idea que se le asigna a la creatividad en la actualidad. Lo creativo debe considerarse un aporte original, funcional y valioso para la sociedad como un todo y eso será probado desde su expresión y valía individual. Con la ciudadanía ocurre exactamente lo mismo, esta pierde su estatus nominal jurídico y se valida por elementos extrapolíticos encaminados a asegurar inclusión, protección y reconocimiento tras medir la contribución del valor económico de cada persona o grupo familiar (Mavelli, 2022, p. 27).

En Chile la reacción al diseño planteado por Bauman (2005) y a la neoliberalización de la ciudadanía que esboza Mavelli (2022) encuentra una trayectoria de movilización de más larga data, trayectoria que se remonta a los tiempos de dictadura, a los tiempos de erradicación de las poblaciones que permanecían en zonas gentrificadas (Billing, 2018). Ese proceso rescatado por Simón Escoffier (2023) muestra una movilización urbana, poblacional que se va alimentando de la creatividad ante la carencia. Es una respuesta a la crisis que por un lado no se abre a la adaptación del nuevo modelo económico y que al mismo tiempo plantea una contracultura movilizada. El activismo de las poblaciones marginales de Santiago y otras ciudades importantes de nuestro país presenta la ambivalencia de la politización puertas adentro con la desconfianza creciente hacia el sistema político formal. Tal como indica Escoffier la ciudadanía liberal al preceder al ciudadano en su conceptualización pasa por alto las historias, vivencias y alcances colectivos de una ciudadanía que se forja más allá de los procedimientos formales que autorizan la incorporación. La comunidad política en su sentido territorial no es el resultado de una autorización jurídica; fenómenos como las organizaciones socio-comunitarias en torno a ollas comunes, clubes deportivos y la autogestión de basurales dan cuenta de las raíces que legitiman a una comunidad local (Escoffier, 2023, pp. 15-20).

En su trabajo Escoffier (2023) establece una continuidad entre la movilización poblacional contra la dictadura de Pinochet y los actuales procesos de movilización ciudadana. Esa ciudadanía movilizada según mi posición efectivamente ha perpetuado las bases de organización local, pero a la vez se ha entremezclado con compromisos políticos que conviven con expresiones de violencia política que opacan el desarrollo de liderazgos facilitadores y sinérgicos. La contribución de la organización vecinal, comunitaria y social no debiera propender a una contracultura que precluya las posibilidades de una ciudadanía situada, desde el conocimiento situado de la territorialidad y con vocación de participación. Como se ha venido recalcando la ciudadanía nominativa, pasiva, descontextualizada de sus entornos próximos no genera relaciones interpersonales y no contribuye a la conciencia y memoria de los habitantes de un territorio. La importancia de relevar el proceso que genera la recuperación barrial descansa justamente en las aristas de potenciación de la participación, deliberación y decisión de una ciudadanía que se moviliza desde sus organizaciones, desde sus estructuras de información y deliberación. Lo hace para disminuir el déficit democrático y acercar la brecha entre expertos y residentes. El telón de fondo de este trabajo gira en torno a entender que la revitalización del espacio público a escala local reproduce un microcosmos de vida cívica. El compromiso comunitario involucra fortalecer el tejido social, la integración de las organizaciones comunitarias y la revaloración de las redes y conexiones próximas que permiten nutrir las ideas de democracia local, gobernanza corresponsable y responsividad situada.

La recuperación barrial en sí ha adoptado un rol sociopolítico que no ha implicado abandonar las políticas habitacionales o de restauración tradicionales. Este nuevo rol ha venido a equilibrar la influencia de posturas neoliberales centradas en concepciones individuales de ciudadanía o visiones de ciudad global comprendidas a través de lógicas de productividad y gentrificación (Rodríguez, 2009, p. 85). Los habitantes han empezado a involucrarse para con ello disminuir las brechas de deliberación y decisión; esas acciones públicas y la consecuente organización social de la ciudadanía han permitido recobrar el sentido de pertenencia territorial y de entorno. El compromiso cívico que se deriva de la participación ciudadana activa desencadena una convivencia heterogénea, intergeneracional y motivadora de nuevos liderazgos. El empoderamiento de los vecinos va pavimentando el compromiso consciente con las etapas de diagnóstico, planificación y ejecución de determinadas políticas públicas. A continuación, aplicando estos conceptos teóricos, se desarrolló el caso del Programa Quiero mi Barrio (PQMB) como un caso tipo de esta materia, en el capítulo siguiente. Se mantendrá este nombre a pesar de los cambios en su denominación y se hizo porque así se le reconoce entre las personas más allá de un gobierno determinado.

El programa Quiero Mi Barrio que surge durante la primera administración de la expresidenta Michelle Bachelet en 2006 coloca en el centro de la recuperación barrial la participación ciudadana. Lo hace para construir redes colaborativas, a nivel individual, relacional y grupal. La integración comunitaria se vincula con los procesos de diagnóstico, fiscalización, evaluación y proyección permitiendo el acompañamiento continuo de los procesos. El Consejo Vecinal de Desarrollo, las Juntas de Vecinos, las organizaciones comunitarias formales y no formales se van concatenando tras un objetivo común, objetivo que se va vertebrando a través de procesos consultivos y deliberativos. Todos esos procesos convocan creando convergencias y acercamientos a nivel territorial. En algunos casos como la intervención en el polígono Barros Arana – Tucapel de la ciudad de Temuco (2014-2017) la mixtura barrial posibilitó el encuentro intergeneracional y el intercambio de experiencias disimiles que finalmente alcanzaron puntos de unión.

Asimismo, el PQMB avanzó en la importancia de la integralidad convocando a nivel institucional a diversas entidades que ayudaron en los procesos de desarrollo del programa en áreas medioambientales, de seguridad y aquellas relativas al patrimonio material e inmaterial. Esa integralidad empalma de lleno con la intersectorialidad; esta última procede desde el sector público de la mano del equipo barrial que organiza los tiempos, complementa infraestructuras, recursos y evita la duplicidad de los esfuerzos. Desde los vecinos la intersectorialidad se comprende como la instancia desde donde el territorio activa la satisfacción de las demandas en base a las estructuras organizativas y participativas de las que dispone la comunidad. La bajada territorial se hace a través del municipio quienes ejecutan, actúan de interlocutores, complementan recursos y enlazan organizaciones sociales y comunitarias con estamentos edilicios atingentes.

El enfoque participativo toma fuerza en el PQMB y lo hace desde la proximidad, desde la ciudad entendida a partir de la democracia local, la comunidad y las vecindades. El territorio se convierte en un escenario de acción colectiva que posibilita un proceso dinámico de apropiación y adaptación (Ulriksen, 2019, pp. 12-13). Los insumos iniciales se establecen desde lo situacional y desde ahí las prácticas y representaciones sociales (Jodelet, 1989) configuran la apertura al desarrollo de múltiples alternativas y posibilidades para comprender y transformar la realidad (Ulriksen, 2019, pp. 22-23; Hills y Bird, 2018). La política pública adquiere movilidad y conecta con elementos generativos y transformadores que producen y permiten la circulación de diagnósticos, procesos y soluciones que van combinando lo situacional con lo transformativo (Jovchelovitch, 2015, pp. 76-78). Es importante recordar,  tal como lo indicó más arriba que la imaginación que surge de la creatividad ciudadana y social es liberadora en dos cruciales sentidos: permite tomar distancia de un presente vulnerable imaginando, soñando posibilidades de cambio para con ello trascender sin desconocer esas situaciones que evidencian las condiciones de posibilidad e imposibilidad de todo proceso creativo (79-81). La creatividad socialmente concebida está siempre vinculada y en dependencia flexible con las experiencias previas; esa conciencia inicial por tanto no se desvía hacia alternativas de transformación desde cero. La imaginación de la que habla Jovchelovitch no es fantasía o intervención exterior con desconocimiento de lugar, sus entornos y vivencias.

La experiencia de recuperación barrial unifica la gestión urbana y ciudadana, priorizando el enfoque participativo con el fin de revitalizar el espacio público. Adquiere centralidad la idea y actividad de la integración social y lo hace desde las prevalentes acepciones de accesibilidad a bienes y servicios junto con el mejoramiento y activación de las relaciones socio-comunitarias (Ulriksen, 2019, p. 35). Agregar que existen experiencias exitosas de recuperación barrial que logran no solamente la reconstrucción de los lazos sociales y la integración comunitaria sino también el surgimiento de liderazgos políticos vecinales y el fortalecimiento político de sus instituciones barriales.

El PQMB ofrece una óptica participativa que se despliega desde un enfoque cualitativo centrado en las dimensiones urbanas del territorio; se superan las visiones derivadas de un enfoque cuantitativo centrado en el déficit habitacional. Esta última visión enfatizaba la materialidad, el deterioro físico y las condiciones adversas para el desarrollo y la conectividad. En este sentido, este programa gira hacia un conocimiento de las realidades puertas adentro de un barrio determinado, valorando de paso una concepción de urbanismo ciudadano con el fin de consolidar las acepciones de accesibilidad y cohesión en conjunto con procesos de participación ciudadana e integración comunitaria. Lo determinante es salir de encuadres pasivos de solución estableciendo una aproximación de las autoridades y los ciudadanos que permita conocer y potenciar los activos del territorio y sus habitantes. La intervención desde el exterior focalizada en las carencias, desventajas y condiciones materiales pasa por alto la conexión histórica, la identidad y el sentido de pertenencia de los habitantes respecto a su territorio.

La generación de una planificación que se orienta a partir de la participación ciudadana complementa los puntos anteriores. Al respecto y siguiendo a Delamaza (2011), la participación está siempre presente en sus diferentes niveles, incluso ante intervenciones dominadas por la pasividad ciudadana. La racionalidad de los expertos, de las visiones técnicas de la administración y las limitaciones que muchas veces ofrecen las disputas entre las fuerzas políticas exige repensar el sentido y alcance de la participación. Vale decir, los pasos van desde la participación, pero más allá de esta. Las instancias participativas de la comunidad implican el fortalecimiento de la asociatividad, la expresión de las organizaciones formales e informales de un territorio, la vertebración de redes de intercambio de información relevante y la ampliación del sentido de decisión para descentralizar los procesos. La participación y los ámbitos de deliberación no pueden encontrarse limitados por el carácter meramente consultivo o unidireccional al interior del espacio público. La planificación considerando aquello se resitúa en un plano de mutualidad e intercambio de saberes y experiencias que da valor a los ciudadanos y su entorno. Lo hace, principalmente, desde el diagnóstico situado, lo que posibilita conciliar los elementos técnico-prescriptivos con los elementos derivados directamente del conocimiento histórico y experiencial que entregan los ciudadanos. Todo lo anterior confirma la importancia del espacio público no estatal que incorpora a la sociedad civil y que impide seguir pensando la relación Estado y Sociedad como un juego de suma cero (Delamaza, 2011, pp. 49-50). Se desprende del análisis de este autor que las políticas públicas entroncan con liderazgos y actores sociales relevantes que se van abriendo camino desde ámbitos no formales y van avanzando en la apertura co-participativa con las estructuras institucionalizadas y el natural despliegue de la agencia individual o colectiva.

Lo que destaca en el programa de recuperación barrial es que se articula y vincula conformando una tríada impulsada y mediada por el equipo barrial de profesionales. Este equipo por lo tanto se mueve entre mínimos y máximos de enlace, participación, deliberación y codecisión. Dicho de otra forma, tienen la vital misión de consolidar un continuo entre el Gobierno Central representado por el Ministerio de Vivienda y Urbanismo, el Gobierno Local representado por la Municipalidad correspondiente y el respectivo Consejo Vecinal de Desarrollo que congrega a los dirigentes vecinales. Esa consolidación permite calibrar el grado de avance y mutualidad del proceso generativo y creativo de gestión y corresponsabilidad; requiere cambios respecto a asentadas visiones que desconfían de la competencia ciudadana, o que sobredimensionan modelos técnico-prescriptivos de intervención en los territorios. Interesante resulta la activación de la ley 19418 de 1995, desde la puesta en marcha de este programa ya que compromete una participación no consultiva de los Consejos Vecinales de Desarrollo. Al ser parte y contraparte formal los CVD son un punto de convergencia vecinal, un resumen de sus activos sociopolíticos a escala barrial. Persiguen finalidades específicas que son resultado justamente del sondeo y ponderación de una multiplicidad de posibilidades a las que se accede desde la acción pública. No es menor destacar este punto porque los Consejos de la Sociedad Civil determinados por la ley 20.500 mantienen su carácter consultivo, de representación comprendida desde el marco determinado por los diferentes organismos de la administración pública y orientados hacia fines generales.

Para comprender la diferencia de la participación ciudadana que se desprende de ambos Consejos hay que entender la metodología que propicia el PQMB y que conlleva la validación de la comunidad. Se incentiva la concreción de la incidencia directa en la revitalización del espacio público a través de verificadores y actividades acreditadas. Los CVD si bien están condicionados por el espacio físico, por las delimitaciones barriales, generan acciones públicas que reflejan el proceso que organiza y responde a las necesidades diagnosticadas, deliberadas y materializadas. Se releva el proceso formativo y creativo de la ciudadanía; la sociedad civil se conecta con su entorno próximo, con la formación de sus opiniones, con la expresión y comunicación de sus experiencias pasadas y presentes. Lo hacen desde un rol activo que los convierte en actores corresponsables en la gestión del programa, acompañando la fiscalización y ejecución de este.

Como corolario y complementando lo indicado a propósito del caso chileno es importante unir la multidimensionalidad de los logros derivados de los programas de recuperación barrial que han puesto de relieve la participación ciudadana, la movilización cívica. Ese giro desde una primera postura centrada en el urbanismo sin rostro, en visiones asistencialistas, en concepciones pasivas de bienestar social se ven redefinidas incluso ante un contexto individualista donde imperan visiones neoliberales de ciudad y ciudadanía. Es muy cierto que para el éxito de este programa deben darse ciertas condiciones previas coadyuvantes tales como una historia organizacional comunitaria de larga data, dirigentes con un importante acervo cultural y político, vecinos con participación en sus organizaciones funcionales territoriales y por extensión clubes deportivos, clubes de adultos mayores, grupos religiosos y juntas de vecinos arraigadas. Como muy bien lo releva el trabajo de Arantxa Rodríguez los procesos de recuperación barrial son el encuentro de dos trayectorias, por una parte, el gobierno central requiere acercarse a la ciudadanía, aproximarse al conocimiento territorial, renovar los mecanismos y funciones de implementación de una política regenerando las escalas de organización y corresponsabilidad. Por otro lado, los ciudadanos, los barrios, la democracia local, requiere regenerar su tejido social, conocer sus fortalezas, medir sus potencialidades de resiliencia comunitaria (Rodríguez, 2009, pp. 95-96). Si la realidad barrial es menos vulnerable y se proyecta hacia un rescate patrimonial la proximidad e interconexión societal que se alcanza a través de estos programas posibilita instancias de testimonio, memoria colectiva, puesta en valor de registros fotográficos, artísticos y arquitectónicos.

 

 

 

METODOLOGÍA

Con el propósito de contextualizar el caso tipo de estudio desarrollado en el apartado anterior, se trianguló la información mediante el material empírico capturado de medios de comunicación masivos que han tratado la materia de ciudadanía y recuperación del espacio público (Denzin, 2017; Gioia et al., 2012). La investigación empírica de contextualización del caso tipo de estudio, se llevó a cabo mediante un enfoque metodológico cualitativo, empleando técnicas de análisis del discurso y estudio de caso (Billi et al, 2017; Álvarez-Maldonado et al., 2021), seleccionadas por su idoneidad en el abordaje de temáticas socioculturales. Estas técnicas permitieron identificar contenidos que influyen en los comportamientos de individuos, grupos y organizaciones en relación con la recuperación de espacios públicos.

El objetivo principal de la investigación consistió en describir las características de la ciudadanía creativa en la recuperación de espacios públicos, utilizando como estudio de caso el Programa Quiero mi Barrio, a modalidad de referencia, triangulando esta información con la disponible en medios masivos de comunicación que traten esta temática particular de la recuperación de espacios públicos en diferentes localidades a nivel global (Denzin, 2017; Gioia et al., 2012). Este programa particular se destaca como un ejemplo de iniciativa que fomenta la participación ciudadana y la revitalización de espacios urbanos a nivel local, involucrando a los residentes en la planificación y ejecución de políticas, lo cual puede ser observado en otras localidades.

Para enriquecer este estudio de caso, el cual fue tratado con anterioridad, se llevó a cabo un análisis del discurso mediático sobre la recuperación de espacios públicos (Lefebvre, 1974), recurriendo a diversas fuentes de comunicación social identificadas en la Tabla 1, con el propósito de contextualizar la información en función de diferentes localidades que atraviesan por desafíos similares. Esta triangulación de datos proporcionó una visión más amplia y completa del tema en cuestión, contextualizado el caso local a nivel global. En el proceso de análisis del discurso, se seleccionaron medios de comunicación específicos que abordaron reportajes relacionados con la recuperación de espacios públicos. Se recopiló un corpus de textos que incluyó noticias, reportajes, opiniones y comentarios pertinentes al tema. Previo al análisis del discurso, se realizó una fase de preprocesamiento de datos para detectar segmentos discursivos relevantes asociados a categorías frecuentes identificadas en la Tabla 2. Esta fase permitió identificar los temas más recurrentes y relevantes en el corpus, utilizando técnicas de análisis de temas basadas en modelos de agrupamiento de texto, detallados en la Tabla 3.

Además, para examinar las relaciones semánticas entre términos y conceptos relacionados, se aplicaron técnicas de análisis de redes semánticas basadas en una matriz de coocurrencias, como se describe en la Tabla 4. Estas técnicas facilitaron la visualización y análisis de las relaciones entre los términos en el corpus y su conexión con otros conceptos.

En resumen, se analizaron los discursos emitidos por los medios de comunicación identificados en la Tabla 1, identificando categorías conceptuales frecuentes, representativas de los contenidos presentes en los enunciados verbales, susceptibles de ser graficados en un mapa de procesos utilizando el software Bizagi Modeler, según las coocurrencias de la Tabla 4. Los resultados obtenidos revelaron constructos compuestos por segmentos de discurso que fundamentan mapas de categorías, orientando así el comportamiento de individuos, grupos y organizaciones, y generando influencia en la sociedad a través del discurso mediático (Campillay et al., 2021). Este enfoque contextualizó empíricamente el caso estudiado anteriormente en el marco teórico, sobre recuperación de espacios públicos, permitiendo triangularlo con evidencia empírica cualitativa que contextualiza el caso.

 

RESULTADOS

El resultado del análisis del discurso a medios de comunicación (Tabla 1) sobre recuperación del espacio público, en función del caso de estudio, identifica siete temáticas representativas, basadas en las categorías frecuentes de la Tabla 2, que contextualizan el escenario de recuperación de espacios públicos por parte de la ciudadanía. Estas categorías significativas para comprender contextualmente el caso de estudio, son las siguientes: a) gente; b) ciudad; c) poder; d) espacio; e) calle; f) público; y, g) sociedad. Estas categorías representativas de los discursos mediáticos contextualizan socialmente los procesos de recuperación de espacios públicos y orientan el comportamiento de las personas, los grupos y las organizaciones, a nivel de diferentes localidades. A continuación, se describe una definición inductiva de cada categoría (Denzin, 2017; Gioia et al., 2012), sustentados en los modelos de agrupación de segmentos discursivos de la Tabla 3:

a)         Gente se refiere a individuos que residen en un área específica, incluyendo residentes y voluntarios, que participan activamente en actividades comunitarias, tales como reformas urbanas, interacciones sociales y el uso de espacios públicos.

b)        La ciudad se concibe como un espacio urbano que alberga una densa red de actividades económicas, sociales y culturales, donde la movilidad es accesible en un corto período de tiempo, fomentando la interacción entre sus habitantes y promoviendo un entorno sostenible y habitable mediante el fomento del transporte público y la reducción del uso de vehículos contaminantes.

c)         Poder se refiere a la capacidad de influir, controlar o ejercer autoridad sobre otros individuos o grupos en la sociedad, tanto a nivel institucional como en el espacio público, permitiendo la toma de decisiones, la configuración de normas y la definición de acciones que afectan a la comunidad en su conjunto. Este poder puede manifestarse en la capacidad de determinar políticas públicas, en el control de recursos y acceso a espacios, así como en la capacidad de generar cambios sociales y culturales significativos.

d)        El espacio se entiende como un entorno físico y social donde tienen lugar diversas interacciones humanas y actividades, incluyendo tanto espacios públicos como privados. Este incluye áreas como calles, plazas, parques, y otros lugares donde se desarrolla la vida cotidiana, la interacción social, el juego y la movilidad, así como donde se manifiestan relaciones de poder y se ejerce influencia social.

e)         La calle se define como un espacio público de tránsito y encuentro, que conecta distintos puntos de una ciudad y que sirve como lugar de interacción social y actividad comercial. Es un espacio que puede ser utilizado para el esparcimiento, el comercio informal, así como para la movilidad de peatones y vehículos. Sin embargo, también puede representar desafíos en términos de contaminación, seguridad e injusticia, especialmente en contextos urbanos problemáticos.

f)         Lo público se refiere a los espacios y recursos compartidos por la comunidad en general, donde se fomenta la interacción social, la participación ciudadana y el acceso equitativo para todos los ciudadanos. Estos espacios pueden incluir parques, plazas, calles, así como servicios e infraestructuras de transporte público, que promueven la movilidad y la vida comunitaria en las ciudades.

g)        La sociedad se define como un conjunto de individuos interconectados que comparten normas, valores, instituciones y recursos en un contexto social determinado. Es un entramado de relaciones sociales, culturales, económicas y políticas que organizan la vida colectiva, donde se manifiestan procesos de interacción, cooperación, conflicto y cambio, y donde el espacio público se convierte en un reflejo y escenario central de su existencia y desarrollo.

En los discursos mediáticos analizados, se identifican conceptos fundamentales que estructuran los modelos mentales y guían las percepciones y comportamientos individuales, grupales y organizacionales, debido a que recogen las percepciones y comportamientos de las personas, a la vez que influencian estas percepciones y comportamientos. Estos conceptos son pilares sobre los cuales se erige la comprensión de la dinámica urbana y social en diferentes localidades a nivel internacional. La Figura 1 ilustra esta perspectiva, la cual surge de la interacción entre distintos elementos, entre ellos, la noción de gente como un componente activo en la configuración de la ciudad. Este término engloba a los individuos que habitan en un área específica, involucrándose tanto en actividades comunitarias como en la vida cotidiana. La ciudad, por su parte, se concibe como un entorno urbano vibrante y multifacético, donde convergen diversas actividades económicas, sociales y culturales. Este espacio dinámico no solo facilita la movilidad, sino que también promueve la interacción entre sus habitantes, contribuyendo así a la construcción de una sociedad cohesionada y sostenible.

El poder emerge como un concepto central en esta dinámica social y urbana, manifestándose en diversas formas y niveles. Desde la capacidad de influir y controlar hasta la habilidad de tomar decisiones y configurar normas, el poder juega un papel crucial en la configuración de los espacios y las interacciones sociales. Estos espacios, tanto públicos como privados, constituyen el escenario donde se despliegan las relaciones de poder y se ejerce influencia social. La calle, en particular, representa un lugar emblemático de encuentro y tránsito, donde convergen distintos puntos de la ciudad y se entrelazan las actividades comerciales, sociales y de ocio. Sin embargo, la calle también enfrenta desafíos en términos de contaminación, seguridad e injusticia, reflejando así las complejidades inherentes a la vida urbana.

En última instancia, la sociedad se configura como un entramado de relaciones sociales, culturales, económicas y políticas, donde los individuos interactúan y comparten normas, valores e instituciones en un contexto determinado. Estas interacciones se manifiestan tanto en el espacio público como en el privado, reflejando así la complejidad y la diversidad de la vida colectiva. En este sentido, el espacio público emerge como un escenario central de la existencia y el desarrollo de la sociedad, donde se tejen las redes de interacción, cooperación, conflicto y cambio que caracterizan la dinámica social urbana. A continuación, se detalla un mapa conceptual que articula las categorías de la Tabla 3 mediante los vínculos identificados en la matriz de coocurrencias de la Tabla 4.

Figura 1

Discurso mediático sobre recuperación de espacios públicos

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Nota. Elaboración propia.

Tabla 1

Muestra de Fuentes Discursivas sobre el Espacio Común

Medio de Comunicación

Título del Programa

Fecha de Publicación

DW Español

Reconquistar el espacio público

10 nov 2022

DW Documental

¿Podemos reinventar nuestras ciudades para vivir mejor?

10 abr 2022

TEDx Talks

Espacio público, en el encuentro está nuestro poder | Zuhra Sasa | TEDxSabana

31 jul 2020

Ministerio Interior Chile

Recuperación de Espacios Públicos

31 ago 2022

 

T13

¿Qué tan efectivo ha sido el plan para recuperar espacios públicos?

1 feb 2023

Nota. Elaboración propia

Tabla 2

Frecuencia de Categorías sobre el Espacio Común

Palabra

Largo

Freq.

Espacio

7

48

Ciudad

6

42

Gente

5

33

Público

7

27

Calles

6

24

Espacios

8

24

Plaza

5

21

Calle

5

19

Ciudades

8

19

Autos

5

18

Coches

6

18

Todos

5

18

Personas

8

17

Sociedad

8

14

Centro

6

13

Poder

5

12

Públicos

8

12

Vecinos

7

11

Centros

7

10

Mundo

5

9

Crisis

6

8

Urbano

6

8

Barrio

6

7

Cambio

6

7

Cambios

7

7

Lugares

7

7

Sociales

8

7

Acceso

6

5

Barrios

7

5

Identidad

9

5

Imágenes

8

5

Planificación

13

5

Privados

8

5

Recuperar

9

5

Voluntarios

11

5

Ciudadanos

10

4

Comercio

8

4

Habitantes

10

4

Persona

7

4

Social

6

4

Accesos

7

3

Amigos

6

3

Ciudadana

9

3

Ciudadano

9

3

Cívico

6

3

Nota. Elaboración propia.

Tabla 3

De Codificación

Código

Freq.

Segmento Significativo

Gente

61

a)     “Llegan a primera hora de la mañana equipados con brocha y pintura. Residentes y voluntarios quieren reformar una de las plazas más transitadas del barrio patrio Centenario en Milán para transformarla en una llamada Piazza Perta. Un espacio libre de autos. Entre las personas voluntarias se encuentra la estudiante de diseño Giulia Paddock”.

b)     “Se libera la calle para la gente que vive allí, que se da cuenta del espacio que recupera para sentarse y encontrarse, para que los niños jueguen por todas partes”.

c)     “Los voluntarios celebran que los vecinos ya la estén usando incluso antes de que terminen de pintarla”.

Ciudad

45

a)     “La idea de la ciudad en 15 minutos con mini centros urbanos en los que se llega a todas partes en 1/4 de hora la desarrolló el urbanista Carlos Moreno. Su objetivo es dotar a París de sólidos pilares económicos y sociales para el futuro”.

b)     “Pero el gobierno de la ciudad está convencido de que tiene suficiente apoyo público. Unos 350.000 coches cruzan la ciudad de Barcelona por el centro, donde hay escuelas y mucha gente viviendo. Todo eso tiene que cambiar. Más transporte público, menos coches contaminantes que para los viajes indispensables que se deban hacer en vehículo, en coche, se haga en vehículos no contaminantes”.

c)     “Pesar que puede generar algunos inconvenientes indirectos, los beneficios son superiores sin ningún lugar a dudas. Sobre todo que la ciudad es más vivida por las personas. La gente se hace propietaria de la calle y la verdad es que se respira mucha más vida”.

Poder

43

a)     “Cuando hay cambios hay gente que se resiste. Tenemos que tomarlos en serio. Algunos efectivamente pierden algo, pero por otro lado, los niños llevan décadas con su libertad disminuida y no tienen voz para las personas que actualmente sacrifican algo. Eso será una pérdida relativamente pequeña. Hay que seguir proporcionando transporte en automóvil a las personas que realmente lo necesitan. Pero todo lo demás, como la libertad de conducir tu coche particular tan rápido como puedas por una ciudad”.

b)     “Porque las crisis vienen como un viento, como un vendaval que levanta un polvo y deja al descubierto aquello que estaba tapado, que habíamos olvidado que nunca lo habíamos conocido. En mi caso, lo que ha dejado al descubierto esta crisis es la importancia de este tema sobre el espacio público y sobre el poder que podemos ejercer como sociedad desde el espacio público”.

c)     “los centros comerciales o de los espacios privados permiten entrar. Entonces esa voz y ese poder que podemos construir en el encuentro ciudadano, en el espacio público, nunca la vamos a tener en el privado. Porque resulta que con ese encuentro en el espacio público de quienes más y quienes menos tienen, de quienes son más eruditos y quienes son analfabetas, de quienes toman decisiones políticas y quienes no tienen permiso de vender en la calle todas las edades, todos los géneros, todas las condiciones sociales”.

Espacio

39

a)     “Y muchos de nosotros, la mayoría de nosotros, ni siquiera consideramos que sean importantes. ¿Y qué pasa si les digo que son tan importantes estos espacios públicos que en la reunión, en ellos está nuestro mayor poder? Entenderían a lo que me refiero. Vamos a ver si me explico un pelín el espacio básico. El espacio público básico es la calle, es la que nos conecta a todos los distintos lados de la ciudad y además nos conecta con otras ciudades”.

b)     “Recuerdo cada una de las ciudades en las que viví como niña y adolescente. Principalmente recuerdo los espacios de juego”.

c)     “Las calles siempre fueron el espacio que quedaba entre las casas. Ahí es donde ocurría todo. La vida social, el comercio, la zona de juego de los niños, el tránsito. Esto cambió hace unos 100 años con la motorización. Los coches inundaron cada vez más las calles y cambiaron nuestra percepción”.

Calle

34

a)     “Se libera la calle para la gente que vive allí, que se da cuenta del espacio que recupera para sentarse y encontrarse, para que los niños jueguen por todas partes”.

b)     “Imágenes impactantes de personas que insisten en ejercer un comercio ilegal y que siguen en la mira de las autoridades, quienes buscan recuperar espacios públicos. Hace casi un año que comenzaron a despejar las calles con estrategias de copamiento. Veamos dónde. Barrio Meiggs, Plaza de Maipú, Plaza de Armas de San Bernardo, Centro Cívico de la Florida, Plaza de Armas de Santiago, Plaza Argentina y nueve estaciones de metro, entre ellas Estación Central, a través de siete intervenciones en lugares neurálgicos importantes de nuestra región”.

c)     “Pero las calles son contaminantes, inhabitables, inseguras e injustas. Nuestros hijos no pueden jugar en ellas o encontrar sus propios caminos”.

Público

28

a)     “La respuesta depende de la relación que cada uno de nosotros tiene con la ciudad y con el espacio público”.

b)     “Pero también tiene que haber más espacio para el transporte público, para ir en bicicleta y para movernos diferente. El Gobierno valora la participación de los vecinos, pero sigue habiendo voces críticas. Olga tiene un taller de Porsche en el centro de Barcelona y extraña la libertad de conducir. Tenía un urbanismo de circulación prácticamente perfecto, una ronda circular exterior y unas líneas que se entrecruzan de derecha a izquierda, que suben y bajan, que es el Plan Cerdá, que nos permite unir todos los barrios de la ciudad de una forma muy rápida”.

c)     “¡Me encanta mi ciudad, a pesar de que en los últimos años no utilizamos tanto los espacios públicos, los espacios públicos como el parque cerca de casa donde crecía, donde patinaba, donde aprendí a andar en bicicleta y recuerdo los raspones en las rodillas, las contusiones, ouch! Pero era mi parque, era nuestro parque de sus mangos. Dimos muy buena cuenta mis amigas y yo”.

Sociedad

20

a)     “Estas son preguntas que, a pesar de que la crisis sanitaria las está dejando al viento, las está dejando al descubierto. Existen desde hace mucho tiempo y muchas personas nos dedicamos a intentar entenderlas y a buscar soluciones. Entonces, algunas de estas personas dicen el espacio público es la ciudad y alguna otra dice el espacio público es la sociedad misma”.

b)     “Aunque poco a poco la sociedad se está dando cuenta de que eso no puede seguir siendo así”.

c)     “Y probablemente ahora, ahora que no nos podemos mover tanto, tendremos algún tipo de añoranza respecto de estos espacios. Y si tenemos esa añoranza, por qué no utilizar este tiempo para entender su importancia, para ver si le echamos de menos o a ver cómo le echamos en falta para intentar dar valor y reconocer su existencia. Porque es en el encuentro, en el espacio público donde radica nuestro valor, nuestro poder, nuestro mayor valor como sociedad”.

Nota. Elaboración propia.

 

 

 

Tabla 4

 De Coocurrencias

○ Calle
freq.=34

○ Ciudad
freq.=45

○ Espacio
freq.=39

○ Gente
freq.=61

○ Poder
freq.=43

○ Público
freq.=28

○ Sociedad
freq.=20

○ Calle
freq.=34

0

13

13

15

10

7

6

○ Ciudad
freq.=45

13

0

8

19

11

6

3

○ Espacio
freq.=39

13

8

0

16

9

19

10

○ Gente
freq.=61

15

19

16

0

16

7

4

○ Poder
freq.=43

10

11

9

16

0

8

9

○ Público
freq.=28

7

6

19

7

8

0

12

○ Sociedad
freq.=20

6

3

10

4

9

12

0

Nota. Elaboración propia.

 

DISCUSIÓN DE RESULTADOS

El análisis del discurso mediático sobre la recuperación del espacio público, basado en las fuentes presentadas en la Tabla 1, permitió identificar siete categorías centrales que estructuran la narrativa sobre la participación ciudadana y la revitalización urbana: gente, ciudad, poder, espacio, calle, público y sociedad (Tabla 2 y Tabla 3). Estas categorías no solo reflejan los temas más recurrentes en los medios, sino que también funcionan como constructos que orientan la percepción y el comportamiento de los individuos, grupos y organizaciones, siguiendo la perspectiva de Denzin (2017) sobre la interpretación inductiva de los segmentos discursivos. Esta lectura empírica, triangulada con la revisión de medios de comunicación y la contextualización del caso tipo de estudio, permite situar la recuperación barrial dentro de un marco más amplio de políticas públicas, espacio urbano y fortalecimiento de la democracia, destacando el papel activo y corresponsable de la ciudadanía en los procesos de transformación territorial.

La categoría gente emerge como núcleo del análisis, con la mayor frecuencia (61 segmentos), evidenciando que los discursos se centran en los individuos y voluntarios que participan activamente en la recuperación de espacios urbanos. Este hallazgo dialoga directamente con la noción de ciudadanía activa y situada planteada en la introducción, donde los residentes no solo habitan la ciudad, sino que se involucran en su transformación, participando en la planificación y ejecución de políticas locales. La coocurrencia entre gente y ciudad (19) indica que los medios vinculan la acción comunitaria con la configuración del entorno urbano, reforzando la idea de que la ciudad no solo es un espacio físico, sino también un escenario de interacción social, económica y cultural, donde la movilidad, el acceso a recursos y la calidad de vida dependen de la implicación de sus habitantes (Tabla 4).

La categoría poder (43 segmentos) refleja la capacidad de actores institucionales y comunitarios para influir en decisiones y normas que afectan al espacio público. Su coocurrencia con espacio (16) y gente (16) evidencia que los medios reconocen la dimensión política de la participación ciudadana: la apropiación del espacio público por parte de los vecinos no solo es un acto físico, sino también simbólico y normativo, permitiendo la configuración de normas locales y el fortalecimiento de liderazgos comunitarios, tal como destaca Escoffier (2023). Esto subraya que la participación ciudadana es un mecanismo de transformación social y política, que contribuye a contrarrestar la pasividad de la ciudadanía formal y a consolidar una cultura cívica activa.

Por su parte, espacio y calle aparecen como categorías complementarias (39 y 34 segmentos, respectivamente), resaltando la dimensión física y relacional de la intervención urbana. La coocurrencia entre espacio y público (19) evidencia que los medios enfatizan la accesibilidad y equidad en el uso de áreas compartidas, consolidando la idea de que la recuperación barrial no solo transforma el entorno material, sino que fortalece los vínculos sociales, el sentido de pertenencia y la cohesión comunitaria. La calle, como espacio de encuentro y tránsito, se constituye así en un escenario emblemático de interacción social, donde convergen la movilidad, el comercio y el esparcimiento, pero también se reflejan los desafíos urbanos, como la inseguridad y la contaminación.

Las categorías público (28) y sociedad (20) reflejan la dimensión colectiva y normativa de la intervención urbana. La coocurrencia significativa entre público y sociedad (12) evidencia que los discursos subrayan la relación entre participación ciudadana, corresponsabilidad y bienestar social, mostrando cómo la revitalización de espacios urbanos puede generar un impacto transformador en la vida comunitaria. Este hallazgo se alinea con la conceptualización de ciudadanía situada y corresponsable, destacando que los procesos de recuperación de espacios públicos no solo afectan la infraestructura física, sino que también fomentan capacidades ciudadanas y fortalecen la democracia local.

En conjunto, estas categorías y coocurrencias permiten observar cómo los medios construyen un modelo mental de ciudad, donde individuos, organizaciones y espacios interactúan, generando dinámicas de cooperación, diálogo y acción colectiva (Figura 1). La triangulación de categorías y datos mediáticos evidencia que la recuperación de espacios públicos, articulada a través de programas como el PQMB, funciona como motor de transformación social y territorial, en el que la ciudadanía creativa y corresponsable se convierte en protagonista de la planificación urbana y la revitalización de la vida cívica.

De esta forma, este análisis demuestra que la recuperación barrial, más allá de ser un proceso físico de mejora de infraestructura, configura percepciones y prácticas ciudadanas, promoviendo la participación activa, la apropiación simbólica de los espacios y la construcción de entornos urbanos inclusivos y sostenibles. Así, los discursos mediáticos no solo informan, sino que modelan y refuerzan la ciudadanía activa, consolidando la relevancia de la participación comunitaria y el ejercicio del poder compartido como pilares del desarrollo urbano y social.

 

CONCLUSIONES

El enfoque sociopolítico de la recuperación barrial acertadamente colocó el énfasis en la revitalización del espacio público y lo hizo rescatando la importancia de mejorar la accesibilidad a bienes y servicios que fomentaran una mejora material y una mayor vinculación societal, lo cual está en sintonía con los elementos significativos identificados en el análisis de discurso de los medios de comunicación, desarrollados en el apartado de resultados, lo cual fundamenta una orientación heredera de la ciudadanía política formativa de la antigua Grecia (Rovira-Reich, 2019), permitiendo sostener que diferentes localidades mantienen dinámicas comunes al caso estudiado del Programa Quiero Mi Barrio. Desde ahí se fomentó la integración comunitaria y la consiguiente regeneración del tejido social y del patrimonio material e inmaterial, lo cual no es un caso aislado, como se puede evidenciar en el análisis empírico de los discursos mediáticos. Aquello permite avanzar en una recuperación que no se desconectó de la importancia de la ciudadanía, una ciudadanía que se fue articulando desde y por el territorio.

En este contexto, la revitalización del espacio público y del llamado urbanismo ciudadano consolida el sentido de pertenencia, ello en conjunción con un empoderamiento que se expresa, dependiendo de las necesidades de los barrios intervenidos, en el fortalecimiento de los liderazgos locales, de las dirigencias facilitadoras, en el descubrimiento de talentos, conocimientos y habilidades puestas al servicio de la comunidad, todo lo cual es posible de observarse en los datos analizados en los discursivos medianticos utilizados para triangular el caso de estudio, en el apartado de resultados. La cohesión social como reflejo de la organización social de la ciudadanía abre el espacio de una interdisciplinariedad cooperativa. Solo hay que matizar que la interdisciplinariedad que destaca el trabajo de Chan (2011) y que se comentaba más arriba mantiene la visión tradicional de la creatividad; para efectos de este trabajo es destacable la movilización de las herramientas ciudadanas que no están centradas no solamente en los productos o mejoras alcanzadas sino también en la consolidación de las estructuras y liderazgos sociales. La democracia es valorada desde sus bases sociales y desde ahí genera vinculaciones, pertenencias y cohesiones. Esas solidaridades superan meras concepciones procedimentales o agregativas de la democracia y nos conectan con perspectivas sustantivas, locales y con rostro respecto a los procesos democráticos y de ciudadanía. La reducción de la brecha entre deliberación y decisión se da al interior de un programa que triangula el ejercicio de la ciudadanía; el efecto no buscado es que justamente posibilita condiciones de información y formación desde lo situacional y concreto. Al igual que lo sostenido por Jovchelovitch (2015) ello no implica inercia sino el comienzo de un trabajo transformador, al interior de una dinámica integradora.

La regeneración urbana y el urbanismo ciudadano resultante dan cuenta de la posibilidad de superar las concepciones imperantes de ciudad global y anónima y de superar las concepciones de una ciudadanía gobernada por la mercantilización de la sociedad. El giro hacia un enfoque cualitativo que rescata la potenciación de la dimensión urbana desde y por sus ciudadanos activando de paso al territorio y sus habitantes es fundamental para la revitalización del espacio público. En concordancia con aquello el acompañamiento e implicación en la gestión de la política pública consolida la participación, deliberación y codecisión. La toma de decisiones se descentraliza, se acortan las brechas entre expertos decisores y los activos vecinos participantes de un determinado territorio.

Es importante, para finalizar, el destacar que al igual que en el ámbito de la convivencia democrática es relevante resignificar la creatividad más allá de las aisladas expresiones individuales o las impersonales visiones focalizadas en productos valorables e innovadores. La creatividad social es fundamental en la promoción de una ciudadanía activa, una que puede propender al cambio social, a mejoras democráticamente acordadas que mitiguen las frustraciones y resentimientos al no sentirse participes. Los logros no aseguran necesariamente inmediatas soluciones, pero, teniendo a la vista la dinámica integrada de la recuperación barrial, la creatividad social contribuye a diversificar el conocimiento social, el conocimiento del entorno, dinamizando las relaciones socio-comunitarias. La resiliencia comunitaria, el fortalecimiento de las organizaciones comunitarias y la triangulación entre Gobierno central, Municipio y Consejo Vecinal de Desarrollo es un ejemplo fehaciente de una democracia y burocracia representativas al servicio de una democracia local y horizontal. Una democracia mediada por el equipo técnico barrial con miras a consolidar un visión no prescriptiva ni impuesta respecto a las demandas y necesidades de la ciudadanía.

 

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[1] Magíster en Estudios Políticos Aplicados. Cientista Político. Investigador y Académico. Consultor Proyecto Democracia. Universidad Miguel de Cervantes, emorales@corp.umc.cl y ORCID: https://orcid.org/0009-0008-2204-8036

[2] Antropólogo. Universidad Tecnológica Metropolitana, david.alvarez@utem.cl y ORCID: https://orcid.org/0000-0002-6375-0461